Dar la vuelta al mundo nunca ha sido tan fácil

 

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Tras dar la Vuelta al Mundo durante un año, podemos decir que es la mejor decisión que nunca hemos tomado. Una experiencia única por muchos y variados motivos:

Lo más obvio es que vas a pasarte una temporada larga (un año en nuestro caso) disfrutando cada día de las maravillas de este mundo. Antes del viaje, teníamos miedo que en el transcurso de los meses los paisajes y los monumentos dejaran de impresionarnos... ¡Qué equivocados estábamos! Este mundo en el que vivimos es tan fascinante que no dejó de sorprendernos ningún día. Cuando te crees que Asia ha dejado el listón muy alto con la muralla china, las terrazas de arroz, las cascadas de Laos, los templos de Angkor, las playas paradisíacas de Tailandia y Malasia o el amanecer multicolor en lo alto del volcán Rinjiani; entonces llegas a Australia y quedas hipnotizado por su desierto, por la fauna que vive en él y, como no, por la majestuosidad de Ulurú, Kuta Djuta y Kings Canyon. Cuando dejas Nueva Zelanda y piensas que no puede haber mejores paisajes que los que has visto allí, llegas a Chile y tienes la suerte de caminar, con la piel de gallina, por el parque nacional de Torres del Paine. Luego crees que ningún país puede albergar tantas maravillas como Argentina con sus Perito Moreno, Iguazú, Península Valdés, Valle de la Luna, Quebrada de Humahuaca y Valle de los Cardones; entonces cruzas la frontera y Bolivia primero te apabulla con el impresionante Salar de Uyuni para rematarte luego con el místico lago Titicaca, con los cocodrilos, pirañas y anacondas de Rurrenabaque, con sus seis picos de 6.000 metros,.. Y, finalmente, si antes de volver a casa pasas por Brasil, disfrutas de sus playas, de su música, de su gente y tienes la suerte de vivir unos carnavales como los de Recife y Olinda; al llegar casa sabes que eres un afortunado y que ahora que lo has vivido, estás aún más contento de la decisión que tomaste.

Sin embargo, lo más importante es que dar la vuelta al mundo marca un antes y un después en tu vida. En un viaje de estas dimensiones tendrás mucho tiempo para pensar, reflexionar, compartir opiniones con multitud de viajeros y autóctonos y vivir experiencias que la rutina no te permite ni soñar. En definitiva, lo experimentado no te dejará indiferente, te cambiará, y en gran parte porque volverás sabiendo un poco más de ti mismo.

Porque hay algunas sensaciones que sólo podrás vivir en un viaje de estas características. Incluso en un viaje de un mes los primeros diez días sigues pensando en lo que has dejado atrás y los últimos diez ya estás pensando en lo que te espera. No desconectas del todo... En nuestra vuelta al mundo, a partir del segundo mes de viaje, viajar ya era nuestra rutina, nos habíamos olvidado de lo que era levantarse mecánicamente cada día para ir a trabajar y no nos pasaba por la cabeza cuando teníamos que volver, sencillamente viajar se había vuelto nuestra realidad. Recuerdo que una de las sensaciones más agradables desayunando era, cada mañana, decidir que íbamos a hacer ese día o el siguiente. Durante un año fuimos dueños de nuestro tiempo y fue una sensación nueva, feliz  y que nos hizo reflexionar sobre nuestras vidas al volver.

Ahora muchos pensaréis (y nos os podéis imaginar la cantidad de veces que nos lo han dicho) "¡Qué envidia!", "¡Qué suerte!","ojalá pudiera hacerlo", "¡Qué valiente!"... Pues haceros a la idea que muchísima más gente de la que os pensáis puede hacerlo.  Existen tres principales motivos que impiden dar un viaje como la vuelta al mundo:

El primero, el económico. No es tanto como  uno podría pensar. Sólo hay que ahorrar un poco por un sueño o renunciar a algunos caprichos. ¿Cuánta gente de ciudad se compra un coche que realmente sólo necesita un fin de semana al mes? Por el mismo precio se puede vivir una experiencia de un año pero para toda la vida.

El segundo, las responsabilidades. Bien es cierto que este punto puede llegar a complicar bastante tomar una decisión sobre el viaje. Tener una hipoteca que pagar cada mes y/o tener hijos lo hace realmente difícil. Aunque hay gente que lo ha conseguido (consultad vuelta al mundo de una pareja madrileña con dos hijas, un caso con mucho mérito).

Finalmente, la compañía. No todo el mundo tiene el valor de irse solo en un viaje de estas características. Pero a veces nos pensamos que somos los únicos y a la que empiezas a dar voces sobre tus intenciones ves que a más de una persona de tu entorno se le ha pasado por la cabeza. Además, partir solo no significa viajar solo durante el viaje. Cuando vas de albergue en albergue no paras de conocer a gente, muchos de ellos hacen un recorrido similar al tuyo y acabas viajando con ellos. De los cinco primeros meses en  Asia  sólo viajamos solos durante diez días, el resto del tiempo viajamos acompañados. Además, ahora, con las redes sociales tipo Couchsurfing, Hospitality Club y Travbuddy entre otras, puedes quedar previamente con gente del país para hacer unas cervezas.

La cuestión es fijarse una fecha y hacer lo necesario para partir ese día. No lo vayáis dejando para más adelante porque lo acabaréis dejando de lado... Hay un principio que ayuda a tomar decisiones importantes:

"En la vida raramente te arrepientes de lo que haces y, en cambio,mucho más a menudo te arrepientes de lo que dejas de hacer".

Buen viaje.

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